Artículo especial. Segunda entrega

En nuestro artículo anterior nos animamos explorar preguntas relacionadas con la causa de la Atracción Indeseada al Mismo Sexo (AIMS), si es que se nace así o todo es el producto del contexto y de las propias decisiones; también abordamos el papel de Dios en toda esta situación desde el punto de vista de Su amor y de Su poder para dar victoria en esta lucha.

En esta entrega nos hemos propuesto abordar inquietudes que están más relacionadas con el comportamiento de quienes libran esta batalla con la AIMS. Inquietudes sobre lo que hay que hacer para dejar de sentir este tipo de atracciones o cómo controlar los pensamientos o qué hacer con la mirada para no caer en tentación, son algunos de los temas incluidos en esta publicación.

De igual manera, quisimos darle relevancia a una de las inquietudes más comunes cuando se habla de este tema, que es justamente la pregunta con la que abrimos esta segunda entrega; y decidimos cerrar con una pregunta que ayuda a desmentir una creencia que lejos de brindar una salida, aumenta la confusión y produce profundas heridas tanto en quienes experimentan AIMS como en aquellos que los rodean. Así que quédate hasta el final.

Comencemos.   

  1. ¿Qué pasa si es que nunca me llega a gustar el género opuesto?

Te voy a responder desde un lugar muy honesto, porque esta pregunta también me dio miedo durante mucho tiempo.

Yo pensaba que toda mi esperanza dependía de que algún día desaparecieran completamente las atracciones hacia el mismo sexo y apareciera automáticamente una atracción fuerte hacia el género opuesto. Y mientras eso no sucedía como yo esperaba, sentía frustración, ansiedad y hasta desesperanza.

Pero con el tiempo Dios empezó a cambiar mi enfoque.

Entendí que mi identidad no puede depender únicamente de lo que siento. Porque los sentimientos cambian, fluctúan y muchas veces están influenciados por heridas, recuerdos, hábitos o vacíos emocionales. Mi identidad tiene que descansar en lo que Dios dice de mí.

Y algo muy importante que aprendí es esto: la meta principal no es “llegar a sentir algo”, sino aprender a vivir en obediencia, libertad y comunión con Dios.

Claro que creo que Dios puede transformar también los deseos y las atracciones. Yo mismo he visto cambios reales en mi vida. Pero incluso si el proceso fuera más largo de lo que quisiera, eso no significaría que Dios me abandonó ni que estoy condenado a vivir miserablemente.

Hay personas que viven esperando solamente un cambio emocional, mientras Dios quiere construir algo más profundo: una identidad firme, una mente renovada y una relación íntima con Él.

Mi esperanza hoy no depende únicamente de lo que siento, sino de Quién camina conmigo.

  1. ¿Qué hay que hacer o qué camino hay que tomar para dejar de sentir este tipo de atracciones?

Voy a decir algo que me costó entender: no existe una fórmula rápida.

Durante años yo busqué soluciones inmediatas. Pensaba que tal vez necesitaba más fuerza de voluntad, más disciplina o una experiencia espiritual específica. Pero el proceso de libertad fue mucho más profundo que eso.

En mi caso, el cambio comenzó cuando dejé de esconderme y permití que Dios entrara a las áreas más heridas de mi vida.

Tuve que enfrentar muchas cosas: heridas de rechazo, abandono, abuso, dependencia emocional, pornografía, pensamientos distorsionados sobre mí mismo, necesidad de validación masculina.

Entendí que las atracciones muchas veces eran la punta del iceberg, pero debajo había necesidades emocionales y heridas muy profundas.

Por eso creo que el camino incluye varias cosas al mismo tiempo:

  • Intimidad genuina con Dios
  • Renovación de la mente mediante la Palabra
  • Acompañamiento y mentoría
  • Rendición de cuentas, confesión y transparencia
  • Cortar radicalmente con lo que alimenta el pecado
  • Aprender una nueva manera de relacionarse
  • Y mucha perseverancia.

No fue un camino de un día. Pero sí puedo decirte algo: Dios sí transforma. Tal vez no siempre de la manera instantánea que esperamos, pero sí de manera real.

  1. ¿Cómo controlo mis pensamientos y recuerdos que mantienen viva mi AIMS?

Esta fue una de las batallas más fuertes para mí, porque muchas veces el problema no estaba afuera, estaba dentro de mi mente.

Había recuerdos, imágenes, fantasías, experiencias pasadas que regresaban constantemente. Y mientras más luchaba únicamente “tratando de no pensar”, más fuerza parecían tener esos pensamientos.

Con el tiempo aprendí algo importante: la mente no solo se vacía, también se llena. No basta con intentar sacar pensamientos; necesito reemplazarlos.

Romanos habla de la renovación de la mente. Y eso implica un proceso diario. Yo tuve que aprender a identificar qué cosas activaban mis pensamientos: música, conversaciones, miradas, recuerdos específicos, pornografía, incluso ciertas emociones como rechazo o tristeza.

Entonces empecé a tomar decisiones radicales. No porque quisiera vivir con miedo, sino porque entendí que había áreas donde yo era vulnerable.

También aprendí algo hermoso: no todos los pensamientos que llegan a mi mente son míos. A veces la tentación aparece de manera involuntaria. Lo importante es qué hago con ella cuando llega.

Hoy, cuando aparecen pensamientos incorrectos, trato de no dialogar con ellos. Aprendí a llevar mi mente rápidamente a Dios, a la oración, a la verdad bíblica, a recordar quién soy ahora.

Y aunque no siempre fue fácil, sí puedo decir que la mente puede ser renovada poco a poco.

  1. ¿Cómo desvío mi mirada, para no caer?

Voy a ser muy sincero contigo: muchas veces la caída comenzó mucho antes del acto. Comenzó con una mirada permitida, con unos segundos de fantasía, con alimentar algo que parecía “pequeño”.

Yo antes pensaba que tenía suficiente control, que podía mirar sin involucrarme emocionalmente. Pero entendí que, en mi caso, ciertas miradas abrían puertas peligrosas en mi mente y en mi corazón.

Entonces tuve que aprender algo que al principio me parecía exagerado: el corte radical.

Jesucristo habló seriamente sobre huir de aquello que nos hace caer. Y entendí que no era legalismo, era protección.

Desviar la mirada no es solo mover los ojos. Es decidir rápidamente hacia dónde voy a dirigir mi atención y mi deseo. A veces eso significa cambiar lo que estoy viendo, salir de ciertos lugares, cortar conversaciones, apagar el teléfono, dejar de seguir personas en redes o incluso pedir ayuda antes de caer.

Y algo muy importante: no se trata solamente de “evitar mirar”, sino de aprender a mirar correctamente. Cuando Dios empieza a sanar el corazón, uno también aprende a ver a las personas no como objetos de deseo, sino como seres humanos valiosos y como hijos de Dios.

  1. ¿Tener intimidad sexual con el género opuesto puede llegar a quitarme la AIMS?

Yo pensé eso durante mucho tiempo. Creí que tal vez el matrimonio o las relaciones sexuales con una mujer iban a “arreglar” automáticamente todo lo que pasaba dentro de mí.

Pero entendí que la intimidad sexual, por sí sola, no sana heridas profundas ni transforma automáticamente los deseos.

El sexo no fue diseñado por Dios como una terapia de orientación sexual. Fue diseñado como una expresión de pacto, amor y unidad dentro del matrimonio.

En mi caso, casarme no eliminó mágicamente mis luchas internas. Yo seguía necesitando sanidad, renovación de mi mente y libertad en áreas muy profundas.

Y quiero decir esto con mucho cuidado porque creo que puede ayudar a muchos: usar a una persona del género opuesto únicamente como un intento de “dejar de sentir AIMS” puede terminar causando mucho dolor. Porque nadie puede cargar con una responsabilidad que solo le corresponde a Dios.

Ahora, también debo decir que, dentro de un matrimonio sano y guiado por Dios, la intimidad puede convertirse en un espacio de restauración emocional, conexión genuina y afirmación de identidad. Pero eso sucede como parte de un proceso integral de transformación, no como una solución mágica.

La verdadera libertad empieza en el corazón. Empieza cuando Dios toca las áreas profundas del alma y empieza a reconstruir lo que estuvo roto por años.

Y eso sí lo hace Él.