¿Esto puede cambiar o voy a vivir así siempre?
Sé que ahora mismo, desde el título, estoy conectando con uno de tus mayores miedos. Pero también quiero llevarte hacia la esperanza, recordándote esta verdad: “De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es…”. 2 Corintios 5:17
Cuando en este pasaje Pablo dice que “si alguno esta en Cristo, nueva criatura es”, no está diciendo que todos los procesos terminan de un día para otro. Está hablando de una nueva identidad y de una nueva vida que comienza en Cristo. Esa verdad cambia la manera en que enfrentamos nuestras luchas. Ya no caminamos solos, ni somos definidos por nuestro pasado o por nuestros sentimientos, sino desde la certeza de que Dios ya comenzó una obra en nosotros.
Con este artículo no quiero llevarte a falsas promesas ni hablarte de cambios instantáneos basados en lo humano. Mucho menos quiero decirte que, si oras un día, automáticamente desaparecerá toda tu lucha. Ese no es el objetivo, porque solo Dios puede obrar una transformación profunda en el corazón. Por eso quiero cuidar tus expectativas. Sería irresponsable prometerte algo que no depende de ningún ser humano.
Sí, Dios puede hacer milagros inmediatos y obrar de maneras sorprendentes. Pero eso no significa que siempre trabaja igual con todas las personas. Sin embargo, tampoco quiero que vivas desde la resignación, pensando que jamás habrá cambio en tu vida. Porque eso tampoco es verdad. Por eso es que debemos tener claro que sí hay transformación en Cristo, aunque el proceso no siempre sea igual para todos.
Después de entender que nuestros sentimientos no definen nuestra identidad y que detrás de muchas luchas existen raíces y procesos, quiero que sepas algo importante: Sí existe esperanza de cambio. Una de las preguntas más dolorosas para quienes luchan con AIMS es: “¿Voy a vivir así toda la vida?”
Sabemos que detrás de esta pregunta hay miedo, incertidumbre y frustración. A veces pareciera que nada cambiará y que el futuro está marcado por esta lucha. Pero hoy quiero recordarte esto: La transformación sí existe. Dios sigue restaurando vidas, aunque los procesos no sean idénticos para todos.
Es fácil comenzar a comparar nuestro proceso con el de otras personas. Quizá has escuchado testimonios donde alguien experimentó una libertad inmediata y eso te hace preguntarte:
¿Por qué conmigo no sucede igual? O tal vez conoces personas que llevan años luchando y eso despierta temor en tu corazón. Pero Dios no trabaja con todos de la misma manera. Él conoce tu historia, tus heridas y aquello que quiere restaurar en ti.
Por eso comparar procesos solo roba la paz que Dios quiere darte. En mi experiencia personal, hubo una libertad muy clara y contundente en esta área. Pero quiero dejar algo claro: Mi proceso no es una fórmula universal.
Lo que sí puedo decirte es que Cristo transforma vidas. La transformación no siempre significa la ausencia inmediata de toda lucha. Muchas veces significa comenzar a caminar en una nueva dirección, con una nueva identidad y manera de vivir.
Entonces, ¿cómo sé que Dios está obrando en mí?
Muchas veces pensamos que la única evidencia de que Dios está obrando es que la lucha desaparezca de inmediato, como si esa fuera la única manera en que Él pudiera actuar. Sin embargo, la transformación no siempre comienza cuando ya no hay tentación o lucha. Muchas veces empieza mucho antes.
La evidencia de la transformación también comienza a verse cuando hay un corazón que busca a Dios, decisiones diferentes, una nueva manera de responder y un deseo creciente de agradarle. Aunque el proceso continúe, Dios ya está obrando. Porque tu historia no termina en lo que hoy sientes.
Dios no solo perdona; también transforma. El perdón es inmediato, pero la transformación muchas veces es un proceso. En algunas personas sucede de manera radical, y en otras ocurre poco a poco. Pero en ambos casos, sigue habiendo esperanza.
En mi caso, yo no cambié mi vida por mis propias fuerzas. No encontré una fórmula ni un método perfecto. Fue Cristo quien transformó mi corazón; y así como lo hizo conmigo, también puede obrar en ti.
No estás condenado/a a vivir definido por esta lucha. No pongas un punto final donde Dios todavía está escribiendo tu historia.
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